Cultura

Explora Díaz Castelo cotidianidad siniestra

Incursiona en la narrativa con El libro de las costumbres rojas

En el plano de lo cotidiano y siniestro, de tono sombrío, se sitúan los cuentos con los que Elisa Díaz Castelo, galardonada en 2020 con el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes, incursiona en la narrativa: El libro de las costumbres rojas (Elefanta).

"Me interesaba que los cuentos se sintieran imantados por una gravedad sombría, que giraran en torno a costumbres que todos tenemos, pero que revelaran su envés de sombra", explica la autora en entrevista.

Aunque de manera inevitable, en tanto poeta, los textos caen irremediablemente en la metáfora al ser, reconoce; al fin y al cabo, su manera de pensar.

La escritora (Ciudad de México, 1986) ensaya con distintas formas del cuento; hay algunos más tradicionales y otros más experimentales, donde explora, por ejemplo, el relato coral o la bitácora.

En "Nunca lo fue", texto escrito en forma de diario, una joven empleada de una notaría recapitula a sí misma su gradual pérdida del lenguaje, lo cual le resulta más doloroso por su ejercicio de la abogacía, "donde las palabras dejan de ser meros garabatos en el papel", mientras existe otro trasfondo: su gusto desde adolescente por la lectura de poesía en voz alta.

La escritura del cuento se vuelve fragmentaria, y las entradas en el diario cada vez dejan más huecos en el papel: "Piedras, las pocas palabras que quedan".

En otro tono está "Las costumbres de las placentófagas", un cuento coral de mujeres que comen la placenta de los recién nacidos como una práctica para conservar la juventud, aunque las voces se presentan un "un poco desdibujadas".

Aunque el título de este cuento le gustaba a Díaz Castelo por su extrañeza, no estaba segura de querer usarlo para englobar toda la colección, así que optó por El libro de las costumbres rojas, para evocar la sangre y la violencia, y también a lo cotidiano, a lo que se hace todos los días, y que, en apariencia, es inocuo.

"(Lo cotidiano) al vincularse con lo siniestro, lo aparta de la normalidad", dice la poeta y ahora narradora.

En algunas de las historias reunidas en el libro hay juegos de identidad de los protagonistas, cambian de identidad o la pierden, o aparece el doble.

Díaz Castelo hace varias referencias a la obra del escritor Mario Bellatin, a quien admira por su manera única de abordar lo siniestro, y en el cuento de "Largo viaje de agua hirviendo", título tomado de su novela Bola negra, juega con un "Bellatin ubicuo" y es, a la vez, una reflexión sobre los epígonos literarios.

Esta historia tiene un componente autobiográfico, como los acercamientos que tuvo con el autor cuando era becaria.

Aunque escritos en épocas distintas, las primeras versiones de los cuentos reunidos en El libro de las costumbres rojas datan de sus años de estudiante de Letras Inglesas. El hábito de la escritora de revisar de manera obsesiva sus textos ayudó a imprimir un tono uniforme a los 12 textos.

"Como forma, el cuento me parece absolutamente seductor, me encanta leer cuento, y creo que, al igual que el poema, el cuento puede inaugurar sus propias leyes".

Así como se aproxima al poema pensando en que debe inaugurar sus normas de composición, sus propias reglas internas, como si fuera un pequeño universo en el momento de la escritura, cree que el cuento también ofrece esa posibilidad.

"Creo que hay mucho para experimentar en el cuento, a nivel formal y también de lenguaje".

Un género que demanda eficacia, asegura. "Hay que ser una especie de velocista del lenguaje".

Díaz Castelo obtuvo el Premio Aguascalientes por El reino de lo no lineal, y en 2017 ganó el Nacional de Poesía Alonso Vidal (2017), pero la narrativa no le ha sido ajena.

"Me acerco a estas dos formas (cuento y poesía) porque ambas me parecen más manejables en su extensión. Hay algo en la novela que me parece apabullante y, en cambio, me gusta la extensión del cuento y del poema, que es casi un organismo que uno puede diseccionar en una mesa de autopsia.

"Y también creo que ofrecen una gran oportunidad de juego", expone la autora.

Pero asoma una diferenciación: Mientras en los cuentos ella se adentra en lo siniestro, en su poesía se decanta por una exploración de la memoria, lo científico y la nostalgia.

Su primera novela, que ahora mismo está ya escribiendo, trata de unir los intereses que aborda en la poesía y el cuento.

"Aunque sí tiene mucho de oscuridad también, gira en torno al pasado y a la memoria; estos temas que trato mucho en la poesía".

Y agrega: "No ha sido fácil, pero he aprendido mucho en el camino".

La aparición de El libro de las costumbres rojas, ya en librerías, coincide también con el lanzamiento de un nuevo poemario: Planetas habitables (Almadía).

Reforma 29/09/2023

Compartir