Fernando Gutiérrez

Fernando Gutiérrez

De barrio en barrio

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Casa de Moneda

Esta historia es de cuando el peso pesaba. Así como lo leen. Nuestra moneda era tan fuerte que circulaba por el mundo. El peso de plata mexicano fue aceptado como moneda de uso global entre los siglos XVI y principios del XX en Estados Unidos, Canadá, Centro y Sudamérica, China, Filipinas y la India, además de Europa. Incluso fue moneda de reserva del comercio internacional por casi 400 años.

Claro, eran los tiempos del dominio imperial español, que abrió en la Ciudad de México la primera Casa de Moneda, fundada por el virrey Antonio de Mendoza en 1535, por orden de Carlos V.

Esta institución, la más antigua de América, al principio acuñaba a mano monedas de plata. Hoy, con sede en unas modernas instalaciones en San Luis Potosí, las produce con alta tecnología.

Al principio, la manufactura de las monedas era a golpe de martillo. Imaginen ustedes el esfuerzo de pegarle a tantísimas monedas. Pero en 1730 se introdujo la prensa de volante para mejorar la calidad y producción. En la calle de Moneda estuvo hasta 1850. Luego se trasladó al Palacio Nacional. Más tarde se ubicó, de 1850 a 1992, en un edificio de la calle Apartado, actual Museo Numismático Nacional. En 1970 la planta se abrió en Legaria. Y, desde 1983, la producción principal se trabaja en una moderna planta potosina.

¿Sabían que en Estados Unidos y Canadá el peso mexicano fue moneda de curso legal hasta 1857? Los dólares nos hacían los mandados. Y no sólo eso, nuestro peso era adorado en India y Filipinas, que se lo llevaban en los famosos galeones de Manila. Y en China, no se diga, compraban toneladas de peso plata para reforzar sus reservas económicas y bancarias. Por su parte, en América Latina circuló por todo el continente.

Su alta aceptación se debió a su alto contenido de plata, metal en el que rebosaban las minas mexicanas, un tesoro que los españoles se encargaron de llevar a todas sus colonias y destinos de ultramar.

El peso de plata mexicano fue, durante siglos, una de las monedas más importantes del comercio global, debido a su alta pureza y al volumen de producción de las minas mexicanas.

¡Qué tiempos aquellos, señor don Simón!