Fernando Gutiérrez

Fernando Gutiérrez

De barrio en barrio

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Magdalena de las Salinas

Más allá del tiempo, quizá unos cinco milenios, Huixtocíhuatl, la diosa prehispánica de la sal, hermana de los dioses de la lluvia, fue perseguida y desterrada por estos a las aguas del lago de Texcoco, donde ella inventó la sal y las aguas se tornaron amargas, tres veces más que ningún mar.

Y lo que parecía una desgracia, no lo fue para los ingeniosos pueblos que habitaban a las orillas o en islotes del lago. Aprovecharon la sal para curtir la piel de los animales que cazaban, curar enfermedades, fijar colorantes en los textiles y hasta en la limpieza de los dientes. También supieron utilizar el tequesquite, una sustancia gruesa y tosca usada en la preparación de algunos alimentos.

Muchos siglos después, en uno de esos lugares surgió Coatlayauhcan, “donde se ven serpientes”, un islote en lo que ahora es el norte de Tlatelolco y poniente del Tepeyac. Allí operaba un calpixqui para recaudar el tributo mexica.

Ese territorio estuvo cruzado por la calzada que iba de Tlatelolco a Tenayuca, zona renombrada hoy como Vallejo. En el lugar se extraía sal y, por ello, a partir del dominio español, se le conoció como Magdalena de las Salinas.

Para honrar el lugar, se construyó una ermita bajo su advocación, conservada hasta la fecha después de varias reconstrucciones. Fue cabecera de varias poblaciones aledañas. Actualmente, es parte de la alcaldía Gustavo A. Madero y se extiende desde la calzada Vallejo hasta la de Insurgentes.

Quién iba a pensar que ese ambiente lacustre, formado por cinco lagos principales (Texcoco, Chalco, Xochimilco, Xaltocan y Zumpango), con aguas saladas y dulces, llegaría a ser una zona de hospitales de gran prestigio, los de Magdalena de las Salinas.

Imposible que alguien imaginara que esa zona de aguas saladas, fétidas y azufrosas, pasarían a ser sede de un conjunto hospitalario de especialidades, sitio de excelencia para cuidar la salud de los mexicanos.

Gracias a la diosa Huixtocíhuatl por rebosar de sal las aguas texcocanas. Un lugar donde, sin saberse a ciencia cierta, ahora es nombrada “Magdalena de las Salinas”, tal vez por aquella Magdalena bíblica, bandera de fe de muchos conquistadores españoles.