Héctor Zagal

Héctor Zagal

Comprimidos del Dr. Zagal

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La fiesta de las mulitas

Soy un amante de las tradiciones mexicanas y me da un poco de tristeza ver cómo va desapareciendo la fiesta de las mulitas. ¿Les suena la del Corpus Christi? Es una celebración católica que en México sobrevive más en la memoria que en la calle. ¿Han visto las mulitas de palma o de hoja de maíz afuera de las iglesias?

Antiguamente, también se vestía a los niños de “inditos” y se les llevaba así a los templos. Yo conservo una foto así, junto con mi hermana, afuera de la catedral. No la subo a las redes porque hoy puede leerse como estereotipo. Pero la foto existe: yo, con huacal, bigote, sarape y huaraches. Era una costumbre que mezclaba religión, familia y cultura popular. Y no, no defiendo esa práctica; pero no deja de arrancarme una sonrisa verme caracterizado de esa manera.

Para los católicos, Corpus Christi celebra la presencia de Cristo en el pan y vino consagrados. Quien no comparte esa fe puede mirar la fiesta de otro modo: como una pieza pintoresca del calendario cultural mexicano.

La mulita tiene varias explicaciones. La más conocida alude a un supuesto milagro atribuido a san Antonio de Padua. Un hombre que no creía en la presencia de Cristo en la Eucaristía retó al santo. Encerraría varios días a su mula sin comer y luego la llevaría a una plaza. Delante del animal pondría forraje; san Antonio, por su parte, mostraría la hostia consagrada. Si la mula hambrienta dejaba la comida y se inclinaba ante la Eucaristía, el hombre aceptaría la fe. Según la leyenda, eso ocurrió: la mula se arrodilló ante el Santísimo. Por eso, dicen algunos, las mulitas quedaron asociadas a la fiesta.

Durante el virreinato, el Corpus de la Ciudad de México fue una festividad opulenta. Se organizaba una procesión inmensa. Había arcos de flores, enramadas, música, incienso, velas, brocados y, al final de la procesión, mojigangas. Más tarde, el virrey Bucareli, con espíritu ilustrado y ganas de orden, eliminó varios de esos elementos festivos.

Hoy, poco o nada queda de aquella fiesta pública. Pero las mulitas recuerdan algo sencillo: México no sólo se entiende por discursos solemnes, sino también por objetos pequeños, fotos incómodas, costumbres heredadas y tradiciones que ya casi nadie sabe explicar.