Alejandra Angers

Alejandra Angers

Los consejos de Leopa

Los límites también son un regalo del Día del Niño

En el Día del Niño pensamos en juguetes, salidas, fiestas, regalos y sorpresas; pero hay un regalo que no se compra y que, a veces, dejamos a un lado: los límites.

Poner límites no es quitarles amor; es darles dirección. Los niños y adolescentes necesitan saber hasta dónde pueden llegar, qué se espera de ellos y qué no es negociable. Esta claridad les da seguridad. Cuando el “sí” y el “no” cambian, según nuestro humor o cansancio, su mundo se vuelve incierto.

Los límites sirven para algo profundo: enseñan a esperar, tolerancia a la frustración y responsabilidad. También los preparan para la vida real, donde no todo es inmediato ni todo depende del deseo. Un niño que aprende a respetar horarios, acuerdos y normas pequeñas hoy, construye autocontrol mañana.

¿Cómo ponerlos?

1. Con reglas claras y firmes.

2. Anticipando: “Después de esto, se apaga la televisión o se deja el videojuego”.

3. Sosteniendo las decisiones, aunque ellos se molesten; sin gritos, sin lastimarlos, sin avergonzarlos, con coherencia.

Un límite no es dureza, es presencia firme y algo más. También los adultos necesitamos limitar el trabajo que invade la casa, la tecnología que nos atrapa, las distracciones y, así, dedicar a nuestros hijos tiempo real. Mirarlos, escucharlos y estar disponibles es el mejor regalo que podemos darles.

Los límites preparan a nuestros hijos para la vida. Nuestro tiempo les da seguridad emocional.