Alejandra Angers

Alejandra Angers

Los consejos de Leopa

Enseñando emociones en casa

La regulación emocional no se enseña con regaños ni con frases como “no pasa nada”, sino con acompañamiento, ejemplo y lenguaje emocional desde casa; cuando ayudamos a nuestros hijos a reconocer y nombrar lo que sienten, les damos una herramienta que usarán toda la vida.

En la primera infancia (2 a 4 años), las emociones se viven en el cuerpo. Un niño que llora o se tira al piso no es “berrinchudo”, se siente frustrado. Aquí es importante prestarles tu voz: “Veo que estás muy enojado porque no te compré el juguete. Estoy contigo; vamos a respirar”. No buscamos que se calme solo, sino que aprenda a hacerlo.

En edad preescolar y escolar (5 a 10 años), ya podemos ampliar el vocabulario emocional. No todo es enojo o tristeza; podemos preguntar: “¿Te sentiste frustrado, decepcionado o nervioso?”. Leerles cuentos, jugar a poner caras o hablar de cómo se sintieron después de un día difícil, ayuda a integrar la emoción y el pensamiento.

En la preadolescencia y adolescencia, validar lo que sienten es clave. Frases como “entiendo que estés muy molesto, tiene sentido”, no significan estar de acuerdo, sino reconocer la emoción, luego viene el límite y la reflexión: “¿Qué podrías hacer distinto la próxima vez?”.

Regular las emociones no es controlarlas; es aprender a transitarlas sin lastimarse ni lastimar y eso se aprende viendo a un adulto que también se equivoca, se calma y pone palabras a lo que siente. La educación emocional empieza en casa, todos los días, con el ejemplo.