Edilberto Peña

Edilberto Peña

#Psicosalud

Twitter: @Edilberto_pena |

El estrés financiero altera el cerebro

Abril no sólo trae primavera. También llegan declaraciones fiscales, colegiaturas, pagos acumulados y ajustes presupuestales. Y aunque hablamos de números, lo que realmente se altera es nuestro cerebro.

El estrés financiero no es una exageración emocional; es una respuesta biológica. Cuando percibimos amenaza económica, se activa el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal y aumenta el cortisol. A corto plazo, esta reacción nos ayuda a resolver problemas, pero cuando la incertidumbre se prolonga, aparecen insomnio, irritabilidad, dificultad para concentrarnos y decisiones impulsivas, como gastar para “sentir alivio inmediato”.

Diversos estudios han demostrado que la preocupación constante por el dinero se asocia con mayor riesgo de ansiedad, depresión e incluso enfermedades cardiovasculares. No es sólo una preocupación contable, es una carga fisiológica sostenida.

Además, el estrés financiero tiene un componente social. En contextos de inflación, incertidumbre económica o cambios fiscales, el miedo no es individual; es colectivo. Y cuando el entorno se percibe inestable, la sensación de control disminuye, uno de los factores psicológicos más importantes para la estabilidad emocional.

¿Qué podemos hacer?

Primero, reconocer que la angustia financiera no es debilidad; es una reacción humana ante la incertidumbre. Segundo, evitar la toma de decisiones económicas en estados de alta activación emocional; el cerebro bajo estrés prioriza la urgencia sobre la estrategia. Tercero, hablar de dinero en familia con claridad y sin catastrofismo, especialmente frente a los niños, que absorben la ansiedad ambiental, aunque no comprendan las cifras.

La educación financiera también es prevención en salud mental. Planear, anticipar y construir pequeños márgenes de seguridad reduce la activación crónica del estrés.

Abril nos recuerda que la economía no solamente impacta el bolsillo, sino también lo hace con el sueño, el ánimo y la forma en que nos relacionamos. Asimismo, cuidar nuestra salud mental implica aprender a gestionar la incertidumbre económica con información, prudencia y comunidad.

Porque cuando baja la ansiedad financiera, no sólo mejora el presupuesto, también mejora nuestro cerebro.

 

*Psiquiatra. Director Cisne México.