
El sociólogo Zygmunt Bauman en su libro Amor líquido señala una conducta cada vez más frecuente en la sociedad y, particularmente, en la gente joven: los “vínculos afectivos” son efímeros, superficiales y desechables. Qué tan útil es una relación y cuándo se presenta la frustración y la necesidad de llegar a acuerdos. Simple: se vuelve insostenible y reemplazable.
Esta explicación de Bauman acerca de la transformación en las relaciones de pareja, es la realidad actual de nuestros adolescentes. Fiestas extremas, relaciones casuales en bares, cines, Metro…, cualquier lugar es vía para conocer y experimentar la sexualidad de manera libre, sin ataduras y sin miedo a contraer alguna infección o encontrarse con un sociópata.
Los adolescentes andan en búsqueda de aventuras, la necesidad de sentir placer, cualquiera que este sea, es urgente. La información del autocuidado y uso del condón queda desplazada. Lo que importa es sentir, palpar la vida que se puede ir en cualquier momento. Hay tanta violencia y pocas expectativas hacia el futuro que apremia vivir el presente, el mañana es sólo una ilusión.
¿Cuál es la visión del mundo que van elaborando?, ¿dónde queda la expectativa de un futuro?, ¿cómo aprenderán a ver consecuencias?, ¿cómo comprenderán que lo que hagan ahora repercutirá en un futuro, a mediano o largo plazo?, ¿cómo ayudarlos a construirse como personas responsables, a tener una vida de pareja plena, sin mitos, pero responsable?
Saber disfrutar el presente, creyendo en un futuro, ayuda a ir elaborando un plan de vida en donde el miedo es un regulador de acciones. Lo ideal es que no limite la vida, sino que sirva para tomar decisiones pensadas.
Si los adultos vivimos sin creer en un futuro, seguiremos contribuyendo en crear relaciones de bolsillo, desechables, sin responsabilidad.