El tercer año… ¡uf!

La dependencia transexenal como signo del proyecto lopezobradorista no hace sino reproducir el viejo vicio del régimen priista: el poder a perpetuidad.

Sin embargo, la política tiene sus propias reglas del juego: Benito Juárez no pudo gobernar más allá de su enfermedad; Porfirio Díaz se tuvo que “sacrificar” periodo tras periodo porque no confiaba en nadie; Álvaro Obregón fue víctima de su propia ingenuidad, y Plutarco Elías Calles inauguró el maximato poniendo presidentes y ministros hasta que se topó con Cárdenas.

Todo presidente tiene la ilusión de gobernar más allá de su periodo legal. Sólo Cárdenas tuvo la institucionalidad de sacar las manos y dejar que se “hicieran bolas” los demás. Alemán pensó en reelegirse y no pudo poner sucesor adicto. Díaz Ordaz fue institucional, Echeverría modificó las reglas del juego al poner a su incondicional López Portillo, aunque luego lo mandaran hasta las islas Fiyi.

De la Madrid pudo imponer a Salinas, pero este no logró hacer presidente a Colosio, mientras Zedillo estuvo a punto de encarcelarlo. Zedillo careció de pericia para poner candidato y prefirió darle la presidencia a Fox. Y este no pudo hacer candidata a su esposa, la candidatura se la ganó Calderón, pero este tampoco puso candidato y Josefina Vázquez Mota le regresó la presidencia a Peña, quien se “hizo bolas” y no pudo con López Obrador.

López Obrador puso a quien consideró la más leal e incondicional a su proyecto.

Todos los presidentes buscaron designar candidatos, pero también trataron de extender su proyecto más allá del sexenio propio, y no pudieron. Las reglas del juego sistémico y del poder presidencial exigen relevos y no intendentes transexenales.

Puede haber continuidad López Obrador-Sheinbaum, pero a condición de que el primero acepte la continuidad de su proyecto, mas no el maximato personal que las reglas del sistema político no se lo están permitiendo.

Así comienza el tercer año de Gobierno de la presidenta Sheinbaum.