
Amo con locura Infinito amor, la nueva producción de Salvador Mejía.
¿Por qué? Porque está tocando, por fin, de frente y como nunca se había tocado, el gran tema nacional: el amor que todas y que todos sentimos por nuestras mamás.
Infinito amor es la historia de un hijo que, por amor a su madre, lo sacrifica todo. Y cuando digo todo, es todo.
Sé que suena exagerado, pero, pregúnteselo en la intimidad: ¿de qué no sería capaz usted por su mamá?
Estamos ante una telenovela verdaderamente grande, redonda, familiar, contundente. ¡Me encanta!
Es la primera versión nacional de un fenómeno portugués titulado Amar demais, de Maria João Costa, con una adaptación de Alberto Aridjis y Carolina Mejía Lartilleux.
Me impresiona muchísimo la manera como este equipo literario consiguió que la historia no sólo embonara con nuestra idiosincrasia.
Funciona para mujeres, hombres, pobres, ricos, personas adultas mayores e infancias. Es muy romántica, muy apasionante, hasta divertida.
Hágame un favor: véala. Esta historia no para de crecer, tiene un universo de personajes riquísimo y funciona desde todas las perspectivas. Incluso la social.
Me siento como en los tiempos en que este mismo productor nos regaló cañonazos como Esmeralda (1997), La usurpadora (1998), La madrastra (2005) y Fuego en la sangre (2008).
La pareja protagónica es una bomba: Livia Brito y Gonzalo García Vivanco.
Livia es una reina. Su trabajo es exquisito. Interpreta a la nueva mamá mexicana: valiente, talentosa. Es lo máximo.
Gonzalo, con esto, ya se consagró. Sólo un actor verdaderamente grande consigue lo que él está logrando aquí.
Sin comentarios del resto del reparto. Son puras figuras legendarias de la industria de telenovela y talentos con un futuro mucho muy prometedor.
A esto, súmele cualquier cantidad de valores de producción, un tema musical precioso y una dirección de escena que sí crea personajes.
Luche con todas sus fuerzas por ver Infinito amor en Las Estrellas o en ViX. Le va a gustar. De veras que sí.