
Si a usted, como a mí, le gustan las historias de amor, seguramente también ha visto Bridgerton, en Netflix.
Es una serie muy linda que tiene cautivadas a millones de personas en el mundo entero.
¿De qué se trata? No le voy a dar detalles para no arruinarle la experiencia, pero sí le puedo decir que es un giro muy afortunado a los tradicionales cuentos de hadas.
Aquí, la mujer recupera su posición como figura activa, el hombre puede expresar sus sentimientos y no importan el color de la piel, el tipo de cuerpo ni la orientación sexual.
Bridgerton es como siempre debieron haber sido estos espectáculos. No hay manera de verla y de no adorarla, de no crecer.
Pero si todo lo que le acabo de decir no fuera suficiente, es entretenida y su producción va más allá del derroche.
¿Por qué le estoy contando esto si es una serie que se ha visto desde hace mucho?
Porque el mes pasado se estrenó ahí mismo, en Netflix, una precuela de este universo y el resultado es tan afortunado que sigue dando de qué hablar.
Esto se llama Queen Charlotte: A Bridgerton Story (La reina Charlotte: una historia de Bridgerton) y, como su nombre lo indica, nos cuenta la historia de una soberana de Inglaterra.
Muchas personas están fascinadas. Muchas más, no. Es lo que siempre pasa cuando uno se ha apropiado de un contenido.
A mí me interesa que la vea porque estoy convencido de que las audiencias están clamando hoy, más que nunca, por un retorno al romance, pero al romance sano.
Y porque aquí, además de eso, se habla de cuestiones que le van a hacer mucho bien a la humanidad, como los prejuicios, las enfermedades y más, mucho más.
¿Cuál es la nota? Que, así como Disney con Star Wars, Warner con Harry Potter y Televisa con sus telenovelas, poco a poco, Netflix está creando sus propios universos y, tarde o temprano, será vista como algo más que una plataforma. Será parte de nuestro imaginario colectivo.
Hay que estar ahí. Hay que ver Bridgerton, y esta precuela. ¿A poco no?