
¿Sabías que los niños y personas con trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) desarrollan una gran creatividad, intuición, resiliencia, son persistentes y se hiperconcentran en los temas que les interesan? Estas son algunas de sus cualidades; sin embargo, generalmente, las personas se fijan sólo en sus dificultades.
Debido a que quienes presentan este trastorno no muestran ningún rasgo físico relacionado con sus dificultades, muchas veces, sus maestros, familiares, amigos e incluso padres los catalogan como niños con problemas de conducta.
No obstante, hoy existe evidencia científica que demuestra que en su cerebro hay estructuras más pequeñas o tardan en desarrollarse. También evidencian dificultades en el intercambio de información entre las neuronas a nivel neuroquímico.
Estas diferencias están relacionadas con áreas involucradas en su capacidad de autocontrolarse, tomar decisiones, controlar sus movimientos, reconocer y manejar emociones, mantenerse motivados, comportarse de acuerdo con un propósito específico, seguir instrucciones y recordar cosas o situaciones inmediatas o a largo plazo, mientras las dificultades de comunicación entre las neuronas repercuten en problemas para inhibir su comportamiento.
El TDAH representa una dificultad en las funciones ejecutivas, y no es sólo un tema de atención con o sin hiperactividad e impulsividad. Por ello, el niño presenta conductas inapropiadas de acuerdo con su edad o en diversas situaciones.
Como decía Einstein: “No juzgues a un pez por su capacidad de trepar un árbol”. En lugar de enfocarnos en sus errores o equivocaciones, hay que ayudarlos a mejorar con herramientas para sus dificultades.
Conocer y entender lo que sucede en estos niños ayudará a mejorar la atención y comprensión que necesitan, así como la colaboración entre los diferentes participantes para su acompañamiento, crianza y tratamiento.