¿Padezco “síndrome del impostor”?

Este título seguramente capta tu atención porque suena muy atractivo y comienza a generar hipótesis.

Este obstáculo del pensamiento se caracteriza por dos fenómenos principales:

1) El pensamiento y sensación persistentes de que mis logros no son producto proporcionado y equivalente a mi preparación, trabajo y tenacidad.

2) La justificación recurrente de que, esos mismos logros, sólo son producto de la suerte, de haber estado ahí en el momento adecuado, o de las circunstancias que rodearon a su obtención.

El sufrimiento con este desorden proviene del sentimiento constante de ser un fraude, de no merecer lo que se obtiene. Me siento culpable de disfrutarlo, pero, sobre todo, afecta mi calidad de vida y la de quienes me rodean.

Incluso, es muy revelador el hecho de que mis amigos, familia y compañeros de trabajo, pueden llenarme de elogios y de razonamientos lógicos para demostrarme cómo ha sido el proceso de llegar a mis metas, situaciones que tienen una resonancia vacía en mi emocionalidad.

Usualmente, se asocia a ciertos rasgos preponderantes de la personalidad de quienes sufren del síndrome del impostor. Los más frecuentes son los de tipo obsesivo, con una tendencia marcada y firme hacia el perfeccionismo, donde nunca el trabajo realizado es suficientemente bueno.

En grados importantes, esto los convierte en inoperantes, ya que no cumplen con los plazos de entrega. Son múltiples los ejemplos de estos individuos cuando llegan a puestos directivos, sus unidades no funcionan de la forma necesaria, no gestionan los esfuerzos de sus subordinados y sus capacidades gerenciales dejan mucho que desear.

De ahí que, una vez detectado a quien sufre este síndrome, hay que apoyarlo y explicarle que la mejor línea de manejo de estas situaciones es el uso de varias modalidades de psicoterapia, con resultados promisorios a corto y mediano plazos.

 

*Psiquiatra. Director Cisne México.