
Por un momento, imaginemos esta escena: la hoy calle de Corregidora, a un lado del Palacio Nacional, convertida en un canal, el de Roldán, la Acequia Real. Por allí navegaban canoas cargadas de legumbres, frutas, granos y flores hasta un desembarcadero en la calle de Alhóndiga #10, hoy, una casona de 400 años. Era la antigua Ciudad de México, cruzada por ramales que venían desde Tláhuac y Xochimilco, donde alguna vez se pensó transitarlos en barcos de vapor.
Un sueño, mágico y sorprendente, ¿cierto? Por desgracia, nada es para siempre: esa red de vías fluviales que conectaban con el lago de Texcoco terminó por ser desecada, pues era un foco de infección. Pero quedó un testigo, un tesoro arquitectónico: la Casa del Diezmo de la Iglesia católica, en Alhóndiga 10, frente a un pequeño puente reconstruido de la época colonial.
Este sitio que también fue vecindad, muestra en su fachada el escudo de armas del Vaticano y aún luce en su interior el patio original, rodeado de columnas de capitel toscano. El edificio, actualmente, está cerrado al público y es ocupado por la Dirección de Salvamento Arqueológico del INAH.
La antigua Casa del Diezmo, en pleno barrio de la Merced, tras su restauración en los años 60, conserva un desembarcadero, a donde llegaban los productos que traían canoas cruzando el canal que pasaba por los pueblos de Mexicalcingo, Iztacalco y Santa Anita.
Cuando la acequia se introducía en el barrio de la Merced, entraba por la calle de Roldán. Ahí se descargaban los productos para su posterior venta, seguía su ruta hasta la esquina norte, es decir, la antigua alhóndiga y, justo en ese lugar, daba vuelta hacia el lago de Texcoco.
Esta vía, importante desde la época prehispánica, dejó de existir como vía fluvial navegable a finales del siglo XIX, cuando fue desecado y, posteriormente, cubierto. Sin embargo, la red de canales de la cual formaba parte, conocida como Acequia Real y Canal de la Viga, continuó en operación hasta 1921.
Hoy, la calle está invadida por el ambulantaje y es difícil apreciar la arquitectura de la antigua alhóndiga. Ni modo, son otros tiempos. Todo cambia.