
El viento fresco, proveniente del golfo de México, parece haber elegido, desde hace más de 400 años, su lugar preferido. Como la primera ciudad fundada por los españoles en el continente americano, el puerto de Veracruz lo recibe con los brazos abiertos y sus inigualables atardeceres.
La travesía comienza en las playas que la ciudad ofrece. Al son de la marimba tradicional, tome una lancha hacia una de las joyas del puerto: el “Cancuncito”. A menos de 20 minutos, mar adentro, la transparencia de las aguas y el color radiante de los corales se asomarán para regalarle un espectáculo que solo se puede admirar en el Caribe.
Después de un delicioso chapuzón matutino, llega el momento de visitar el monumento más simbólico de la ciudad: el fuerte de San Juan de Ulúa. Se encuentra sobre un islote y fue el espacio más protegido del territorio mexicano por décadas. Para su construcción, se utilizó coral, debido a que en la zona no existía piedra. Hoy por hoy, es un museo que lo sorprenderá por su infinidad de anécdotas (personajes como Benito Juárez fueron presos de este lugar).
En sus caminatas por el malecón podrá ver infinidad de personas en bicicleta y en patines, bajo el delicioso clima de Veracruz y de su municipio vecino Boca del Río. Además, paso tras paso, la historia (a veces descuidada), le gritará detenerse para admirar sus hermosas fachadas que le recordarán épocas de antaño.
Pero, sin duda, su apetito será el más consentido del viaje con el famoso arroz a la tumbada, una deliciosa mezcla de mariscos que lo dejará con ganas de más. Para la media tarde, un “lechero”, tradicional café que han degustado miles de veracruzanos con el paso de los años.
Las líneas son pocas para descifrar las decenas de secretos que el puerto de Veracruz tiene para los visitantes del mundo. No dude en elegir este destino multifacético en su Próxima parada.