
Su cúpula, la más grande del Centro Histórico, nos remonta a la época colonial, a la Ciudad de los Palacios, a los jesuitas, sus constructores, al Colegio de San Pedro y San Pablo, a su expulsión en 1767 y a Manuel Tolsá, quien trazó el diseño con su magistral gusto y genialidad.
El templo de Nuestra Señora de Loreto destaca también por sus frescos y vitrales, su fachada neoclásica y un dato alarmante: su inclinación, parecida a la de la torre de Pisa, campanario de la catedral en esa ciudad italiana. Sí, también está cargado a la derecha porque al construirlo se utilizaron materiales pesados de un lado y, del otro, tezontle.
Pero no sólo eso. Ubicado en San Ildefonso 80, antiguo barrio mexicano de Atzacoalco, ha sufrido un notable hundimiento, agravado por los sismos de 1985 y 2017. Sin embargo, sigue en pie, al igual que la de Loreto Italia, el primer templo dedicado a esta Virgen ante la que acuden miles de feligreses cada año.
La obra en la Ciudad de México fue concluida por Ignacio Castera y Agustín Paz. El primero, por cierto, trabajó en la Catedral Metropolitana para poder concluirla.
El solar jesuita donde se erigió este recinto religioso fue ocupado antes por un “xacalteopan”, como llamaban los indígenas a esa iglesia-choza por estar cubierta con una techumbre de tejamanil de dos aguas. Es decir, fue y es suelo sagrado. Y parece estar bajo protección divina ante su riesgo estructural.
La Plaza de Loreto, al frente del templo, se adorna con una fuente, obra también de Manuel Tolsá, colocada allí en 1925. Originalmente se encontraba en la hoy avenida Bucareli, cuando era un bello y arbolado paseo de los aristócratas.
Por cierto, ¿sabían que la Virgen de Loreto no tiene el brazo izquierdo? Así es. La tradición católica lo interpreta como un signo de entrega total a Dios y la ausencia absoluta de vanidad.
Hay una versión que hace volar la imaginación y fortalece la fe en lo imposible: “Se cuenta que una casa de piedra fue trasladada por ángeles desde Tierra Santa hasta la ciudad costera de Loreto, en Italia, para que la Virgen María viviera ahí. Desde entonces, a la figura esculpida en cedro de la Virgen Negra de Loreto se le atribuyen muchos milagros”.
¿Será? Bueno, quizá por eso este tesoro del Centro Histórico sigue en pie, en espera de ser salvado del colapso.