Alejandra Angers

Alejandra Angers

Los consejos de Leopa

Palabras que dejan huella

Cuando hablamos con nuestros hijos, a veces, olvidamos que hay palabras y frases que pueden acompañarlos toda la vida y dejan una huella en su corazón.

Decirles: “eres un flojo”, “qué agresivo eres”, “nunca haces caso”, “qué exagerado eres”, “tu hermano sí puede”, entre otras expresiones que surgen en momentos de cansancio o de enojo, están calificando a la persona y no a la conducta. Si estos comentarios se repiten en lo cotidiano, terminan formando parte de la manera en que tu hijo se mira a sí mismo.

Durante la infancia, el cerebro es especialmente sensible a lo que se repite, porque así va aprendiendo y formando conexiones. Los niños construyen su autoconcepto a partir de cómo los miramos, de lo que le decimos de ellos y de cómo reaccionamos ante lo que hacen, además de lo que van descubriendo sobre sí mismos. Nuestra voz, poco a poco, se convierte en su voz interior.

Esto no significa que tengamos que tratarlos con pincitas, miedo, evitar los límites, o decirles que todo lo hacen bien. Podemos corregir una conducta sin convertirla en una etiqueta, por ejemplo: no es lo mismo decirles: “eres un irresponsable”, que “hoy no cumpliste con lo que te correspondía”. La primera frase califica al niño; la otra señala algo que puede cambiar, es decir, examina la conducta.

Es natural que, como padres, en ocasiones, nos equivoquemos. Si un día gritamos o decimos algo que lastima, podemos repararlo diciendo: “Estaba muy enojado/a, no debí hablarte así”. Pedir perdón no nos quita autoridad, les enseña responsabilidad afectiva.

Antes de hablar, piensa: ¿quiero corregir lo que hizo o hacerle sentir que hay algo malo en él?

Cuidemos su corazón pensando antes de hablar, que nuestra voz corrija cuando sea necesario, pero que también les recuerde siempre cuánto valen.

*Especialista en desarrollo infantil